COAMO: LA VILLA DE MUCHOS MUNDOS

Por: Arq. Jorge Ortiz Colom
Arquitecto Conservacionista
Programa Patrimonio Histórico Edificado
Instituto de Cultura Puertorriqueña
jortizcolom@isla.net

(Artículo originalmente escrito hacia verano de 1996, más o menos un año después de la implementación de la Zona Histórica de Coamo.)

El abrigado valle entre ondulantes lomas y un fresco río fue desde siempre uno de los lugares más agradables para vivir en el sur de Borikén, hoy Puerto Rico. El valle del río Coamo fue poblado por varias villas pequeñas que aprovechaban el fértil suelo y la pesca del río y del no muy lejano mar para labrarse una vida decorosa.

Las ventajas de este valle fueron rápidamente apreciadas por el colonizador español, y éste fue el tercer asentamiento colonial en suelo boricua. Fundadora de más de una docena de pueblos, la Villa de San Blas de Illescas de Coamo fue por dos siglos y medio el corazón económico, político, eclesiástico y comercial del sur de Puerto Rico.

Sus habitantes eran agricultores de jengibre y otras especies, y ganaderos. Como muchas otros poblados fuera de San Juan, Coamo era un grupo de casas más o menos altas como palomares, de finas maderas del país y techos en teja o yagua de cuatro aguas, que se agrupaban de forma suelta alrededor del cuadrante de la Parroquia. Una de esas casas fungía como Casa del Rey y sede del poder gubernamental; la iglesia parroquial, la cual asumió su forma actual en la década de 1780, era y es sólida estructura de tres naves, en ladrillo y mampostería de cal y canto, con fina obra de madera en su coro y en el vigamen del techo plano de azotea de ladrillos (sobre alfajías y vigas de ausubo).

Formando un triángulo suelto, existían dos ermitas adicionales en la vecindad: la de Nuestra Señora de la Valvanera y la de Nuestra Señora de la Altagracia. Estas eran pequeños templos de una sola nave con techos de madera y teja, dedicados a la devoción de estas milagrosas invocaciones marianas. (La Altagracia se deterioró y luego se hizo ruina y finalmente polvo; la Valvanera fue extensamente remodelada en el siglo xix al estilo neoclásico y ha permanecido hasta nuestros días.)

El despegue de la economía de agroexportación ocurrido a partir de 1815 tras la crisis en Europa, la pérdida de casi todas las otras colonias de España y la implementación de incentivos para la entrada a la isla de capitales agrícolas, provocó inicialmente el despegue de Ponce como ciudad puerta a una rica región donde florecían la caña de azúcar y el café. Coamo quedó un tanto rezagado, pero ya a mediados del siglo se inició el desarrollo de una personalidad más urbana.

De 1845 data la imponente casa Picó Pomar, construida por un próspero ganadero de origen español. Esta estructura es una casa-almacén de dos niveles en mampostería, con sus espacios organizados alrededor de una galería interior que da frente a un patio. Los interiores son sobrios pero de proporciones elegantes, mas la obra en madera de puertas, ventanas, galerías y plafones es de singular refinamiento.

Aquí se ven elementos como las balconetas en hierro, la puerta doble con persiana operable delgada, el uso de piezas torneadas - postes y balaústres - en la galería. Es en fin la construcción usual en casas urbanas del siglo xix, pero aplicada con sumo cuidado y calidad. Esta casa, también asociada con otro próspero agricultor y persona influyente en la comunidad - Don Florencio Santiago - es hoy el Museo de Coamo, muestrario de lo que ha sido la vida y cultura coameñas.

También en estos años se empiezan a ver las tradicionales casas criollas con generoso balcón hacia la calle, sala central con dormitorios a ambos lados, techo de hierro corrugado a dos aguas con cumbrera paralela a la calle y múltiples y simétricas puertas de doble hoja apersianada abriendo hacia el frente. Hacia su parte posterior, estas casas exhiben una extensión perpendicular hacia atrás denominada martillo que albergaba los espacios de servicio y utilitarios. Así, se configura una galería posterior con los mismos elementos constructivos (postes, pasamanos, balaústres) de un balcón, volteando la forma de L resultante. Estas galerías siempre abren hacia el este, persiguiendo la captura de la brisa y del sol mañanero para las faenas cotidianas del vivir.

La calidad artesanal de nuestros constructores y el primor del manejo de los detalles se notan en los montantes sobre las puertas y en la división ubicada en la sala denominada medio punto, la cual servía para dividir dicho espacio en dos áreas, una más privada para las vivencias de la familia residente y la otra principal espacio de recepción del hogar.

De ésta se dan variantes: algunas por limitaciones de espacio prescinden de balcón, otras se levantan sobre un primer nivel de tienda/almacén y se logra acceso a través de una escalera lateral expuesta, alguna que otra vez interior.

Muchas de estas casas se asientan sobre bases altas de ladrillo y mampostería con zocos de madera atrás. Interesantes ejemplos se ven en los frentes de la plaza por las calle Ruiz Belvis y Obispo Salamanca, partes de la calle Quintón entre la curva del puente y la calle Dr. Veve y una de las más grandes e impresionantes - señera sobre una base bien alta - queda en la esquina de Mario Braschi con Santiago Iglesias. Hay variantes sin balcón frontal tales como la casa del compositor Quintón y otra en la calle Betances frente al arranque con la del Acueducto.

Las casas criollas se construyeron hasta alrededor de 1925, y fueron simultáneas con el desarrollo comercial del pueblo. Ese proceso se manifestó en la erección de edificios tipo tienda y almacén con múltiples puertas a la calle, tanto en techo de dos aguas como con el de una sola pendiente hacia atrás, en hierro corrugado.

Los de mampostería exhiben un sólido clasicismo con cornisas, retalles y ornamentos ocasionales de gran sencillez, incisos en el acabado calcáreo de las paredes. S¢lidas puertas dobles de tabla guardan el acceso al interior, abierto salvo por las columnas o arcadas interiores necesarias para aguantar el techo. Este tipo de edificio comercial siguió levantándose hasta casi la mitad de este siglo con el mismo vocabulario pero con la estructura de hormig¢n armado.

La Carretera Central impulsó el comercio e intercambio en Coamo, a donde no llegó el ferrocarril. Como testimonio de su importancia quedan no sólo su atractiva alineación con impresionantes panoramas, su perenne arbolado, sus casillas de camineros (tres en territorio de este municipio), sus puentes de ladrillo o hierro: sino además obras tales como la casa de Clotilde Santiago, imponente casona de madera con influencias de la arquitectura colonial anglofrancesa mezcladas con la clásica configuraci¢n de sala central, galería posterior en L y martillo.

Su elegante escalera de acceso y balcón con fachada pedimentada, techo de cuatro aguas con clerestorio y detalles constructivos de calidad la hacen inconfundible al visitante. Esta casa fue proyectada por el ingeniero Raimundo Camprubí, a cargo de las obras de la Carretera y ascendiente de quien fuera esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez.

El tramo urbano de la carretera - la calle José Ignacio Quintón, en honor al insigne compositor de danzas y música culta que hiciera de la Villa su domicilio casi toda su vida - es exhibición aun hoy día de las ricas y variadas tendencias que ha exhibido la arquitectura histórica coameña. Frente y cerca a ella están la plaza, la Iglesia, la Ermita, la casa Picó Pomar y lo más granado del comercio local.

Y remontando esta carretera llegaron en 1898 los militares norteamericanos; no sin resistencia ya que hubo batallas en varios lugares en la vecindad del pueblo, y aun se informa de la existencia de remanentes de las trincheras que fueron teatro de esos encuentros. Pero lo más decisivo de la influencia de la nueva soberanía se reflejó en el estilo de construir: nuevos materiales tales como el pino importado y el hormigón armado se emplearon en nuevas configuraciones arquitectónicas.

Las casas, ahora de planta rectangular y pasillo central, a menudo con comedor posterior; con techo de cuatro aguas, mantienen rasgos tales como balcón frontal y las interesantes puertas apersianadas dobles. El ornamento es más profuso pero se expresa como motivos y cristales geométricos que matizan la luz que entra al interior. Los balcones tienden a hacerse de hormigón, adaptando los patrones decorativos del pasado al nuevo material, con resultados muy sui generis. Muchas tienen patio frontal, definiendo el frente de calle con verjas y exuberante vegetación, siguiendo la costumbre importada.Este tipo de casa adquirió auge y presencia tras la destrucción severa que causó en el pueblo el terrible huracán de 1928. El nombre popular de ese meteoro - San Felipe - fue dado a un barrio periférico de la urbe.

También de esta época son dos estructuras singulares: la Alcaldía, hecha sobre los restos de la antigua Casa del Rey y aprovechando parte de sus paredes, es del estilo que incorpora gestos de la arquitectura mozárabe, andaluza y castellanoleonesa mediante las tejas, paños decorados y frisos y pináculos policromados, a la usanza de una torre que existe en Salamanca. Su fecha es 1927 y su material el hormigón armado macizo.

Pegada a su izquierda yace la Casa Cott-Larrauri, singular obra de 1926 del arquitecto de origen checo Antonin Nechodoma. Nechodoma adaptó la tradición norteamericana del bungalow y la casa suburbano-campestre norteamericana al trópico con facilidad y maestría. Originalmente influido por los remedos clasicistas del victoriano tardío, abrazó la nueva tendencia orgánica y de acercamiento a la naturaleza de la denominada "Escuela de la Pradera", cuyo portavoz fue el extraordinario Frank Lloyd Wright, con quien Nechodoma trabajara personalmente.

Se ha hablado de la supuesta copia por Nechodoma de obras del maestro Wright, pero lo cierto es que la casa de Coamo representa ya una postura muy propia de su autor hacia la arquitectura urbana y el uso y potencialidades del hormigón armado, transformando a su vez el vocabulario exótico. Un amplio techo plano cobija un balcón sostenido por gruesas columnas hexagonales. Adentro, amplios salones se despliegan hacia las áreas más privadas de dormir y estar, con una relativa fluidez y transparencia de espacio. El cristal y el cosmatesco o mosaico de cristal adherido a la pared forman patrones visualmente agradables.

Estas obras precursoras de las tendencias modernas en la arquitectura coameña serían acompañadas luego por nuevas tendencias: otras casas en estilo neo-español, el art-deco de patrones geométricos o cuasi-aerodinámicos que se ven en algunos edificios comerciales, y ya en la década de 1950 y hasta hoy día la construcción utilitaria en hormigón armado y bloques.

Hoy día, gracias al esfuerzo denodado de siete años de lucha desde 1988 (cuando se hicieron los primeros inventarios) hasta 1995 (cuando se oficializó la designación, el 22 de agosto) los muchos mundos de la añeja villa de Coamo están protegidos bajo la zonificación hist¢rica establecida por la Junta de Planificación y el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP).

El propósito real de la zonificación histórica no es congelar el pasado y prohibir a los dueños y ocupantes tocar tan siquiera una tabla: es ordenar, bajo unos parámetros de elegancia, ornato y respeto a los ejemplos valiosos del pasado, la evolución del casco urbano de Coamo, para así sacarle el máximo provecho a todo su potencial: económico, residencial, turístico, cultural... La herramienta de la zona histórica se complementa con incentivos contributivos (exoneración de impuestos sobre la propiedad y sobre ingresos derivados del alquiler) y la posibilidad de programas especiales de beneficios (préstamos a intereses más moderados, asistencia técnica gratuita o económica para mejoras a edificios, participación en actividades relacionadas con la promoción del comercio urbano y del turismo cultural, etc.) ofrecidos por varias agencias de gobierno y entidades privadas.

La zonificación histórica no afecta el derecho a uso y disfrute de la propiedad: la intimidad del domicilio se respeta. Igualmente, tampoco se prohibe la mejora de edificios o locales; sólo se pide que se haga de una manera agradable a los sentidos y respetuosa de aquellos elementos históricos que definen el carácter de un lugar. Es una restricción a la construcci¢n, y no más onerosa que la que impone la Administración de Reglamentos y Permisos (ARPE) en su implementación de los reglamentos de zonificación y de edificación.

La designación como histórica de la zona urbana central de Coamo incluye en su primera fase 366 propiedades, de las cuales unas 187 son elegibles - o sea, un 52% que aportan al carácter histórico del pueblo. El área escogida es un cuadro delimitado por las calles Santiago Iglesias al norte, Ermita (Florencio Santiago) al sur, el río al este y la calle Carrión Maduro al oeste; con una extensión hasta las escuelas ubicadas justo después de la curvita de la Quintón. Aparte, las que están más hacia la periferia (área del cementerio, el Cerro, etc.) se esperan evaluar próximamente.

La zona histórica de Coamo reconoce los muchos mundos en que se ha desenvuelto la larga, interesante y a veces azarosa vida de la Villa de San Blas. Esos mundos crean la riqueza y orgullo de los coameños como precursores en la historia del Sur puertorriqueño. El crisol es el entorno urbano que testimonia de manera más directa, más efectiva que otras manifestaciones culturales, lo bueno del pasado, y deja entrever sus impurezas y contradicciones también. El escenario de las viejas calles, las muy particulares aceras de piedra (muchas insensatamente destruídas en años recientes), los balcones, los techos, las ventanas, la espadaña de la Iglesia, la bóveda de la Ermita; en fin, todo ese pintoresco y aun fresco paisaje del pueblo coameño invita a disfrutarlo, a sentirlo, a hurgar raíces de puertorriqueñidad.

­ La Villa Añeja se levanta y, reflejada en su pasado, al futuro se adelanta!

jo